Boletín Bimestral Crea tu Mundo Autismo | Edición 11 · Agosto 2026
- creatumundoautismo

- 29 jul
- 12 min de lectura
Índice, qué encontrarás en esta edición
Hablar sobre la neurodivergencia en familia: Conversaciones que fortalecen vínculos
Las puertas que siguen cerrándose, rechazo escolar en niños y niñas autistas
Un día en Crea en el curso de verano: ¿Cómo se ve el acompañamiento desde adentro?
Del verano a la escuela, cuando volver a la rutina también pude ser un alivio.
Hablar sobre la neurodivergencia en familia: conversaciones que fortalecen vínculos
Por Jazmín Rosas, terapeuta de Crea tu Mundo
Cuando un niño o adolescente es neurodivergente, toda la familia transita un proceso de aprendizaje. Los cambios, las nuevas preguntas y la búsqueda de respuestas no sólo involucran a madres y padres; los hermanos también observan, sienten y construyen explicaciones sobre lo que ocurre a su alrededor.

En ocasiones, con la intención de protegerlos, las familias prefieren no hablar del tema. Sin embargo, los niños suelen percibir que existen diferencias, aunque nadie las nombre. Cuando esto sucede, pueden llenar esos vacíos con ideas propias que generen confusión, preocupación o incluso sentimientos de culpa. Por ello, conversar sobre la neurodivergencia de manera abierta, sencilla y acorde con la edad de cada hermano puede convertirse en una valiosa oportunidad para fortalecer la confianza dentro de la familia.
La neurodivergencia hace referencia a las diferentes formas en que las personas piensan, aprenden, sienten, se comunican o interactúan con el mundo. Estas diferencias forman parte de la diversidad humana y no definen el valor de una persona. Cada niño tiene fortalezas, desafíos y necesidades de apoyo particulares, al igual que cada uno de sus hermanos.
Hablar sobre ello también implica abrir un espacio para escuchar. Es natural que los hermanos experimenten curiosidad, alegría, preocupación, frustración o incluso celos en algunos momentos. Ninguna de estas emociones es incorrecta. Cuando son escuchadas y validadas, los niños aprenden que en su familia existe un lugar seguro para expresar lo que sienten y hacer preguntas sin temor a ser juzgados.

Estas conversaciones no requieren respuestas perfectas. Lo más importante es utilizar un lenguaje sencillo, responder con honestidad y recordar que cada integrante de la familia necesita apoyos diferentes en distintos momentos de su vida. Evitar comparaciones entre hermanos y reconocer las necesidades individuales de cada uno favorece relaciones más respetuosas y comprensivas.
En Crea tu Mundo creemos que hablar sobre la neurodivergencia no significa centrar la atención en un diagnóstico, sino reconocer a la persona en toda su individualidad. Cuando las familias construyen espacios de diálogo, escucha y respeto, ayudan a que todos sus integrantes comprendan que las diferencias forman parte de quienes somos y que cada uno merece sentirse valorado, acompañado y aceptado.

Porque las conversaciones que nacen desde la empatía no sólo informan: también fortalecen los vínculos que sostienen el crecimiento de toda la familia.
Las puertas que siguen cerrándose, rechazo escolar en niños y niñas autistas.

Por María José Olvera, directora y fundadora de Crea tu Mundo
El rechazo escolar hacia estudiantes con autismo sigue evidenciando la distancia entre el derecho a la educación inclusiva y la realidad que viven muchas familias.
Cada año ocurre lo mismo.
Mientras para muchas familias junio y julio representan el cierre del ciclo escolar y el inicio del verano, para muchas otras comienza uno de los procesos más difíciles que enfrentarán durante el año: encontrar una escuela para su hijo.
En Crea conocemos demasiado bien esta realidad. Cada verano recibimos llamadas, mensajes y correos de familias que buscan exactamente lo mismo: una escuela donde su hijo tenga la oportunidad de aprender.
Y no, no están buscando privilegios.
Están buscando ejercer un derecho.
Lo preocupante es que, para muchas de ellas, el proceso comienza con puertas cerradas.
"No tenemos experiencia."
"Ya tenemos nuestro cupo de inclusión."
"Creemos que estaría mejor en una escuela especial."
"No contamos con el personal necesario."
O, simplemente, nunca reciben una respuesta.
El problema no está en los niños
Desde el modelo social de la discapacidad, entendemos que la discapacidad no surge únicamente de las características de una persona, sino de las barreras que impone el entorno (Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, 2016). Cuando una escuela no cuenta con procesos accesibles, no realiza ajustes razonables o decide no recibir a un estudiante por motivo de discapacidad, la barrera no está en el niño.
La barrera está en el sistema educativo.
Sin embargo, con demasiada frecuencia seguimos escuchando que el problema es que "el niño no tiene la preparación o habilidades para la escuela", cuando quizá la verdadera pregunta debería ser:
¿Está la escuela preparada para recibir a todos los niños?
La educación inclusiva no consiste en que el estudiante se adapte a un sistema rígido, sino en transformar ese sistema para que todas las personas puedan participar y aprender en igualdad de condiciones.
Incluso el proceso de admisión excluye
La inclusión no comienza el primer día de clases.
Comienza mucho antes.
Comienza desde el momento en que una familia solicita información.
Y, paradójicamente, muchos procesos de admisión ya son excluyentes desde su diseño.
Entrevistas largas.
Dependencia de la buena voluntad de el o la directora
Recorridos llenos de estímulos.
Esperas prolongadas.
Observaciones y evaluaciones sin apoyos.
Exigencias para responder preguntas, permanecer sentado o interactuar de determinada manera.
Mientras que cualquier otro aspirante atraviesa un proceso pensado para él, muchos niños con autismo enfrentan procedimientos que no contemplan ajustes razonables ni apoyos durante la evaluación.
Es decir, el acceso a la educación comienza con un proceso que ya presenta barreras.
La búsqueda deja de ser una elección

La mayoría de las familias comienza buscando una escuela por razones muy parecidas a las de cualquier otra.
Que esté cerca de casa.
Que sea compatible con su economía.
Que comparta su proyecto educativo.
Que permita mantener su red de apoyo.
Pero, conforme aparecen los rechazos, las posibilidades comienzan a reducirse.
La pregunta deja de ser:
¿Qué escuela queremos?
Y se convierte en:
¿En qué escuela aceptarían a nuestro hijo?
Las familias dejan de elegir.
Empiezan a conformarse con las pocas opciones que permanecen abiertas.
Y esa reducción de posibilidades no responde a una decisión libre, sino a las barreras que el propio sistema ha construido.
Cuando un derecho depende de la buena voluntad
Quizá una de las situaciones más preocupantes es que muchas familias sienten que la posibilidad de acceder a una escuela depende principalmente de encontrar a una directora sensible, un docente dispuesto o un equipo que quiera "hacer el esfuerzo".
Pero los derechos no deberían depender de la buena voluntad de las personas.
La educación inclusiva no puede convertirse en un favor.
Debe ser una garantía.
Lee la siguiente parte del artículo en la siguiente edición

Un día en Crea en el curso de verano: ¿Cómo se ve el acompañamiento desde adentro?
Por Mónica Manuel, auxiliar del programa de preescolarización y curso de verano.

Antes de que las niñas y los niños lleguen a CREA, el día ya comenzó. A las 8:30 de la mañana el equipo se reúne para preparar los materiales, organizar los espacios y revisar las actividades. Algunas personas incluso llegan un poco antes. Cada detalle contribuye a que la jornada transcurra en un ambiente seguro, organizado y acogedor.
Entre las 9:00 y las 9:30 llegan las niñas y los niños acompañados de sus familias. Algunos entran con entusiasmo desde el primer momento; otros necesitan unos minutos para despedirse o simplemente observar lo que sucede a su alrededor antes de integrarse al grupo. Coordinación, terapeutas y auxiliares acompañan este momento para que el inicio del día sea tranquilo y cada niño se sienta seguro.
La música comienza a sonar 🎶y el saludo grupal marca el inicio de la mañana. A lo largo del día se alternan diferentes actividades, momentos para compartir el lunch, el recreo y, en algunos grupos, espacios destinados al control de esfínteres y la relajación. Aunque desde fuera puedan parecer solo juegos, cada actividad tiene un propósito que va más allá de mantener a las niñas y los niños ocupados. Algunas invitan a explorar, otras a crear, a moverse, a esperar un turno o, simplemente, a compartir con los demás.
Lo importante no es que todos hagan lo mismo, sino que cada niño encuentre la manera de participar, disfrutando la experiencia y sintiéndose acompañado durante el proceso.
En esta primera semana, la visita al acuario fue una de esas experiencias que permiten mirar el acompañamiento desde otra perspectiva. Fuera de los espacios habituales aparecen nuevos retos, pero también nuevas oportunidades: descubrir aquello que despierta la curiosidad de cada niño, compartir con el grupo y disfrutar de un entorno diferente. Por encima del recorrido en sí, fue una experiencia que nos recordó que el aprendizaje también ocurre cuando exploramos el mundo juntos.
Sin embargo, algunos de los momentos más valiosos surgieron sin planearse. Un niño que decide integrarse a una actividad después de observar durante un rato.
Compañeros que comienzan a buscarse para jugar juntos. O niños mayores que ofrecen ayuda y muestran cuidado hacia los más pequeños con una naturalidad que emociona. Son gestos sencillos, pero reflejan la confianza y los vínculos que poco a poco se van construyendo.
Cuando las personas se sienten acompañadas, también aprenden a acompañar.
Detrás de esos momentos también hay un equipo que permanece atento. A veces basta con una palabra de apoyo; otras, con hacer una pausa, adaptar una actividad o brindar un poco más de tiempo. Es común ver a coordinación, terapeutas y auxiliares apoyándose entre sí para responder a las necesidades de cada niño.
Ese trabajo compartido permite que la prioridad siempre sea la misma: el bienestar de cada niño.
Al finalizar la jornada, las familias reciben mucho más que una manualidad, una fotografía o la anécdota del día. Se llevan la tranquilidad de saber que sus hijos estuvieron en un espacio donde fueron acompañados con respeto, donde sus intereses fueron tomados en cuenta y donde cada pequeño logro fue motivo de alegría para todo el equipo.
Quizá eso es lo que mejor resume un día en Crea durante el curso de verano. No se trata solo de las actividades que llenan la mañana, sino de los vínculos que se construyen, de las oportunidades para aprender jugando y de los pequeños momentos que, muchas veces sin darnos cuenta, dejan una huella.
Porque crear espacios donde cada niño y niña pueda sentirse comprendido, valorado y sostenido con respeto es lo que da sentido a cada experiencia que compartimos.
Conoce al equipo: Rocio Nemesio
Por Ivanna Morales, terapeuta de Crea tu Mundo

Detrás de cada sesión, cada juego y cada pequeño logro, hay una persona que decidió dedicar su vida a acompañar el desarrollo de otras personas. En esta edición queremos presentarles a Rocío Nemesio Santiago, psicóloga educativa y terapeuta integral, quien desde hace dos años forma parte de la familia Crea.
Aunque hoy no imagina su vida lejos de la psicología, su primer sueño era convertirse en maestra de preescolar. Sin embargo, su propia historia la llevó a descubrir otro camino. Comprendió que la salud emocional es tan importante como la salud física y que escuchar a una persona, acompañarla y convertirse en una red de apoyo para ella y su familia puede transformar profundamente una vida.

Esa convicción es la que hoy guía su trabajo con cada uno de los niños que acompaña.
Para Rocío, la mayor recompensa de ser terapeuta es observar el progreso de cada usuario, celebrar esos pequeños pasos que con el tiempo se convierten en grandes logros. Sin embargo, también reconoce que este trabajo implica retos constantes.
Enfrentarse a situaciones nuevas le ha enseñado la importancia de pedir apoyo cuando es necesario, recordándole que el trabajo interdisciplinario siempre beneficia a los niños y a sus familias.
Si hay algo que sus usuarios le han enseñado, es el verdadero significado de la perseverancia. Ver cómo enfrentan desafíos, experimentan frustraciones y, aun así, vuelven a intentarlo al día siguiente con entusiasmo, ha cambiado también su manera de ver la vida.

Uno de los momentos que guarda con más cariño ocurrió hace algunos meses, cuando atravesaba una situación personal complicada. Sin decir una sola palabra, uno de sus pequeños pacientes notó que algo no estaba bien y le ofreció un abrazo.
"Fue un curita para el corazón. Un acto de empatía y amor que jamás voy a olvidar."
Cuando habla sobre el autismo, Rocío tiene un mensaje muy claro: cada persona dentro del espectro es única.
"Me gustaría que más personas entendieran que no podemos meter a todos en la misma caja. Cada niño, adolescente o adulto dentro del espectro tiene necesidades, fortalezas e intereses diferentes, y merece ser comprendido desde esa individualidad."
También considera importante romper con uno de los mitos más dañinos que aún persisten: la falsa creencia de que el autismo se imita, que si un niño convive con otro, imitará las conductas "negativas", una idea que lamentablemente continúa favoreciendo la exclusión y limitando oportunidades de convivencia.
Para ella la inclusión significa mucho más que colocar pictogramas o construir rampas.
"La inclusión ocurre cuando el entorno ofrece los apoyos necesarios para que todas las personas puedan participar. No son ellas quienes deben adaptarse para encajar; es la sociedad la que debe aprender a eliminar las barreras."
Quienes conocen a Rocío saben que su estilo terapéutico está lleno de juego, movimiento y experiencias sensoriales. Le gusta que los niños aprendan explorando, manipulando materiales y divirtiéndose. Pero antes de cualquier objetivo terapéutico, busca construir algo indispensable: la confianza.

"Lo primero que quiero cuando conozco a un niño es que se sienta seguro conmigo."
En su práctica, la empatía y el respeto son los pilares de cualquier intervención. Además, procura fortalecer una habilidad que considera esencial para el desarrollo de todos sus pacientes: la autonomía.
Cuando le preguntamos qué es lo que más disfruta de trabajar en Crea, responde sin dudar: los niños y la comunidad que ha encontrado entre sus compañeras terapeutas. Para ella, formar parte de este equipo significa pertenecer a un grupo de personas que comparten un mismo propósito: acompañar a las familias con profesionalismo, calidez y compromiso.
Finalmente, quiso dedicar unas palabras a quienes llegan por primera vez al centro:
"Gracias por confiar lo más valioso que tienen en nosotras."
y Gracias Chio, por ser parte de este hermoso equipo.


Del verano a la escuela, cuando volver a la rutina también pude ser un alivio.
Por Daniela Aguilar, terapeuta de Crea tu Mundo autismo
Cuando pensamos en las vacaciones de verano, solemos imaginarlas como un tiempo de descanso, juegos, viajes y momentos para disfrutar en familia. Y muchas veces así es. Sin embargo, para las familias de niños, niñas y adolescentes con autismo, el verano puede vivirse de formas muy distintas.
Hay quienes disfrutan enormemente la libertad de los horarios, las salidas y el tiempo compartido. Pero también hay familias para quienes estos meses representan un gran reto: la pérdida de las rutinas, los cambios constantes de planes, las reuniones familiares, los lugares con mucho ruido, la ausencia de la escuela o de las terapias y la incertidumbre de no saber qué sucederá durante el día pueden generar mayor ansiedad y desregulación.
Y ambas experiencias son completamente válidas.
Porque esa es una de las particularidades del autismo: aquello que para algunas personas significa descanso, para otras puede representar un cambio difícil de procesar. Incluso dentro de una misma familia pueden coexistir emociones muy diferentes. Hay niños que cuentan los días para que lleguen las vacaciones y otros que, después de unas semanas, comienzan a extrañar la estructura, la previsibilidad y la tranquilidad que les brinda la rutina escolar.
Por eso, el regreso a clases también tiene dos caras.

Para algunos significa despedirse de días que disfrutaban mucho. Para otros, representa volver a encontrar un entorno conocido, horarios predecibles y actividades que les ayudan a organizar su día y sentirse seguros.
No existe una manera "correcta" de vivir esta transición. Cada niño, cada adolescente y cada familia la experimentan desde su propia historia, sus necesidades y su forma de entender el mundo.
Adaptarse también lleva tiempo.
A veces pensamos que el regreso a clases ocurre el primer día de escuela, pero en realidad la adaptación comienza desde antes y continúa durante varias semanas.
Después de un largo período de cambios en horarios, actividades y demandas, el cuerpo y el cerebro necesitan reorganizarse nuevamente. Es normal que durante este proceso aparezcan emociones intensas o algunas conductas diferentes a las habituales.
Es posible que observemos:
Más cansancio al finalizar el día.
Mayor sensibilidad o irritabilidad.
Dificultad para levantarse temprano.
Resistencia para asistir a la escuela.
Necesidad de más apoyo para seguir instrucciones o retomar responsabilidades.
Esto no significa que el proceso esté saliendo mal. Muchas veces simplemente nos habla de que el niño sigue adaptándose.
¿Cómo podemos acompañar este regreso?
No se trata de que todo vuelva a la normalidad de un día para otro, sino de ofrecer un ambiente que les permita sentirse seguros mientras recuperan su ritmo.
Retomen los horarios poco a poco: Volver a acostarse y despertarse a una hora similar cada día ayuda al cuerpo a recuperar su ritmo natural.
Anticipen lo que va a suceder: Hablar sobre el primer día de clases, preparar juntos la mochila, revisar quién será su maestra o recordar cómo será la rutina puede disminuir la incertidumbre. Para muchos niños con autismo, anticipar es una forma de brindar seguridad.
Escuchen sus emociones, aunque sean diferentes a las nuestras: Quizá su hijo esté emocionado por volver a la escuela. O quizá esté triste porque terminaron las vacaciones. Tal vez incluso sienta ambas cosas al mismo tiempo. Todas esas emociones son válidas y merecen ser escuchadas sin juicio.
Permitan momentos de descanso al llegar a casa: La escuela implica un gran esfuerzo social, sensorial, emocional y cognitivo. Muchas veces, lo que más necesitan al regresar es un espacio tranquilo para regularse antes de continuar con otras actividades.
Celebren los pequeños logros: Levantarse a tiempo, entrar al salón con mayor tranquilidad o terminar el primer día sin una crisis también son avances importantes.
Un mensaje para las familias
Si sienten que este regreso está siendo más difícil de lo que imaginaban, queremos decirles algo: ¡¡no están solos!!

Las transiciones pueden remover emociones en toda la familia. Es normal que ustedes también se sientan cansados, preocupados o con dudas sobre si lo están haciendo bien.
La buena noticia es que los niños no necesitan familias perfectas.
Necesitan adultos que los acompañen con paciencia, que intenten comprender lo que están viviendo y que les transmitan la seguridad de que, poco a poco, todo volverá a encontrar su lugar.
En Crea creemos que las rutinas no existen para limitar a los niños, sino para ofrecerles un espacio predecible desde el cual puedan explorar, aprender y crecer con confianza.
Que este regreso a clases no sea una carrera por adaptarse rápido, sino una oportunidad para reconectar con aquello que les brinda calma y bienestar.
Porque, al final, volver a la escuela no solo significa retomar clases. Significa volver a encontrarse con personas, espacios y experiencias que, poco a poco, vuelven a sentirse como un hogar.
Les deseamos un inicio de ciclo lleno de paciencia, pequeños logros y mucha confianza.

Como siempre, gracias por permitirnos caminar este proceso junto a ustedes.
Gracias por llegar hasta aquí.
Esta edición fue realizada por Daniela Aguilar, Monica Manuel, Ivanna Morales, Jazmín Rosas y María José Olvera
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